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“El día del esportón” Por Antonio Gomez y Cristobal Cansado

“El día del esportón” Por Antonio Gomez y Cristobal Cansado
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Estamos en el mes tradicionalmente dedicado a los difuntos. Un mes cargado de recuerdos y nostalgias de todos nuestros seres queridos. Quizás sea por eso, por los recuerdos y la tristeza que nos envuelven por lo que nos gusta agasajarlos con flores, con velas, con comentarios agradables, con oraciones y, en otras culturas, con tabaco, comida, licores y demás obsequios que agradaban al difunto.
Hace ya bastantes años había otras costumbres, otras formas de vivir estos días y es de alguna de estas costumbres perdidas de la que vamos a hablar en esta ocasión. Y mira que rastreando por la red hemos leído comentarios como que en nuestro pueblo no había costumbre de celebrar de ninguna manera a los difuntos, en fin, como se suele decir ahora, la ignorancia es muy atrevida. Y para eso estamos aquí, para compartir conocimientos.
Y el título hace referencia a este festejo.
Un esportón es un recipiente hecho de fibras vegetales (palma, bayón, mimbre, junco…) que se utilizaba para transportar sólidos: cereales, frutas, se usaba en la construcción, se usaba para dar la comida a los animales… según su tamaño podía ser llamado espuerta, más pequeña, y esportón si el tamaño era mayor. Llevaba dos asas afrontadas para cogerlo, lo que permitía que si el peso era poco y al ser muy flexible lo pudiera llevar una sola persona o si el peso era mucho lo pudieran llevar entre dos. Hoy en día los esportones suelen ser de plástico, goma…
El día de Todos los Santos, el día 1 de noviembre, los monaguillos y amigos, agregados para esta ocasión, recorrían el pueblo con un esportón. Iban pidiendo por las casas de conocidos, allegados o por su fama de ser más generosos. Pedían un donativo en especie, que por la fecha solían ser pues productos de temporada: granadas, higos y uvas pasas, castañas, nueces, algún melón, avellanas, almendras, y alguna que otra chuchería, que, como comprenderán, por aquellos años no daba para mucho más.
Esto lo pedían a cambio de pasarse la noche doblando las campanas de la iglesia. 
Sí, se pasaban toda la noche que va del día de los Santos hasta la mañana del día de difuntos doblando, tocando las campanas. Se iban turnando para tocar las campanas y para hacer más amena la noche pues daban cuenta de lo que habían recogido en el esportón.
Como podemos imaginar contarían con el permiso de sus padres, pues eran muy jovencitos, como también imaginamos que acabarían echando más de una cabezaina. A parte de la que formarían en esa torre, los más mayores y avispados contando historias para no dormir a los más pequeños e ingenuos, algún susto que otro, (en una habitación de la torre se guardaban los restos del retablo que se quemó, una pintura sobre madera de las Ánimas del Purgatorio, hombres y mujeres ardiendo en el infierno, el terreno abonado para provocar todos los miedos imaginables) y otras trastadas que podamos imaginar. Suponemos que para los jovencitos de la época sería muy flipante poder participar de esta “fiesta”.
El día de difuntos por la mañana el cura los obsequiaba con la materia prima para unas buenas migas con café ( café, pan, aceite, ajos…). Las encargadas de hacer las migas eran las vecinas de la Iglesia, se acordaban especialmente de la Siña Josefa Purificación y su madre la Siña María (“las chorizas”) que vivían en la casa de los Pollitos, donde ahora vive el nieto de la Siña Josefa.
Los tiempos cambian una barbaridad y las costumbres también, bueno, las costumbres desaparecen, las campañas funcionan de forma electro-mecánica, ya no hay monaguillos, y los difuntos se quedan sin que les toquen durante su noche.
Ya lo que podemos hacer es contar estas cosas, dejarlas por escrito, para que sepan todos los que leyeren como celebrábamos en Talavera la Real el “día del esportón”.

Foto 1. Esportones de fibras vegetales (de palma) propiedad particular en Talavera la Real (Badajoz).
Foto 2. Antiguos monaguillos en el patio de la sacristía de la Iglesia.

Cristóbal Cansado y Antonio Gómez. Noviembre de 2018.

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