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“Las riadas del siglo XIX” Por Antonio GOMEZ y Cristobal Cansado

“Las riadas del siglo XIX” Por Antonio GOMEZ y Cristobal Cansado
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Aunque desgraciadamente recordemos la riada ocurrida en nuestro pueblo y alrededores del día 6 de noviembre de 1997, si indagamos en nuestro pasado, nos encontramos en situaciones igual de dramáticas, no sabemos si mejores o peores, porque no las vivimos ni contamos con los datos que nos puedan hacerlo valorar.
Nuestros antepasados vivieron durante el siglo XIX, al menos que nosotros sepamos y hayan llegado datos, tres riadas de una gran magnitud. Incluso nos atrevemos a asegurar que la más terrible es de la que vamos a dar algunos datos en esta breve crónica.
La primera de la que nos hablan es la de febrero de 1823, la segunda la de 1869.
Y la más terrible, a nuestro parecer, es la de la noche del 6 al 7 de diciembre de 1876. Durante varios días las continuas y persistentes lluvias torrenciales y vientos huracanados anunciaban que algo gordo podía pasar. Y así fue, el Guadiana y sus afluentes acumularon tal cantidad de agua que acabaron por inundar todas las Vegas Bajas, desde Medellin hasta Badajoz, incluso nuestros vecinos portugueses llegaron a sufrir estas inundaciones.
Narran las crónicas de la época los daños en poblaciones más próximas al río Guadiana: Medellín, Mérida, Montijo, Puebla de la Calzada, Talavera la Real, Badajoz….
De qué daños estamos hablando: muertos y heridos, tierras de labranza inundadas, casas arruinadas y destruidas, casas de campo y cortijos asolados, animales muertos y desaparecidos, puentes anulados, lineas de ferrocarril inutilizadas, comunicaciones telegráficas no operativas… efectos que se pudieron apreciar conforme bajaban las aguas del Guadiana y sus afluentes.
A todo esto hay que añadir que la noche del 7 de diciembre se dejó sentir un terremoto (ignoramos la magnitud que pudo tener) que agravó aún más la caótica situación que se vivía. 
Los cronistas de la época cuentan que desde la parte más alta de la alcazaba de Badajoz solo se divisaba un inmenso océano a poniente (Portugal) al levante (Mérida) y al Norte (Alburquerque).
Es a partir del 13 de diciembre cuando se comienza la visualización de los destrozos ocasionados (aunque se preveía que no podía ser nada bueno), valoración de los mismos y buscar las posibles soluciones. Llegaron las primeras noticias de lo ocurrido al resto del país una vez restablecidas las conexiones telegráficas.
Es importante destacar en los primeros momentos la actuación de los barqueros del Guadiana, con sus barcas planas típicas de la zona, para salvar vidas, poniendo a salvo a supervivientes aislados en zonas más altas, ayudando a rescatar animales, llevar víveres y otras ayudas… En Badajoz fueron recompensados económicamente, agradeciendo de este modo su impagable labor.
Se empezó a trabajar en la puesta a punto de las líneas de ferrocarril de la línea Ciudad Real – Lisboa, inutilizada desde Medellín hasta Badajoz. 
Reconstrucción de los puentes, Romano de Mérida, Viejo de Badajoz (siete arcos destruidos)… y totalmente convencidos de que el Viejo de Talavera sufrió las mismas roturas de los otros. Posiblemente el parche que tiene en dos de sus arcos sea la solución que le dieron en este momento para garantizar la continuidad del camino Real hasta Badajoz.
Reparación de caminos y carreteras.
También llegaron las primeras ayudas gubernamentales, insuficientes para paliar los múltiples daños que reparar.
Es posible que esta situación, por lo que sabemos, tan habitual llevara a que los políticos regionales y nacionales empezaran a plantearse el problema en serio, buscando como soluciones, quizás utópicas en su momento, la regularización del cauce del Guadiana ante riadas, avenidas y avalanchas de agua como las que describimos. Por lo que sabemos, imposible reparar totalmente los daños ocasionados por una riada cuando ocurría otra (Puente Romano de Mérida, Puente Viejo de Talavera la Real).
Y la solución estaba en la construcción de pantanos y embalses que ayudaran a controlar los desmanes de nuestro río principal y todos sus afluentes, garantizar la seguridad de las personas y salvaguardar las tierras de cultivos y la ganadería, que indudablemente es la fuente de vida de nuestra comarca.
Sabemos que es una triste y terrible noticia, pero si ante situaciones tan catastróficas hay soluciones, lo importante es que estas soluciones se lleven a cabo.
Algún estudiante de Meteorología que quiera ampliar esta noticia?

Cristóbal Cansado y Antonio Gómez. Diciembre de 2018.

Una respuesta a “Las riadas del siglo XIX” Por Antonio GOMEZ y Cristobal Cansado

  1. Manuel García Cienfuegos 16 diciembre, 2018 a 6:43 PM

    Lobón padece, durante los primeros días del mes de diciembre de 1876, un fuerte temporal de lluvias que deja en los predios rústicos y urbanos unas graves secuelas, siendo declarada por las autoridades municipales, la situación de calamidad pública. Tras haber transcurrido una semana después del temporal, Francisco Martín Gómez, en su comparecencia en la sesión de la Corporación Municipal del 14 de diciembre leyó un informe a los presentes:
    Si hubo tiempo en que las fuertes avenidas del Río Guadiana, causaron daños considerables tanto a las propiedades territorial y urbana cuanto a los ganados, todos pedían titularse pasageros en comparación con los que hasta ahora se han visto por virtud de la nunca vista inundación de dicho Río, pues en medio de no haber tenido que lamentar ninguna desgracia personal, en cambio hay muchos vecinos que han quedado arruinados por completo ya por las fuertes y constantes lluvias que se esperimentaron en los primeros días del presente mes y que el Guadiana, fuera como lo estaba de su centro, podía graduarse la elevación de sus aguas a punto desconocido por los más ancianos de la localidad, se vio que los días cuatro, cinco, seis y siete tenían un flujo que llenaba de consternación a estos habitantes, quienes situados en la Cordillera de cerros que dan su vista la contemplaban llenos de la mayor sorpresa, viendo cubiertas todas sus viñas, olibares, tierras de labor, molinos harineros, Huertas con la hermosa Vega de la Puebla de la Calzada en cuyo pueblo, sin embargo de estar a la distancia de una legua se entró el agua en sus calles, causando la mayor angustia a sus moradores
    El temporal desplomó varias paredes de las viviendas, se llevó dos casas que daban servicio a los molinos harineros y arrancó olivos. 250 fanegas sembradas de cereales de las dehesas de Pedro Franco y Novilleros, echadas a perder, quedando cubiertas de cascajo y maleza. “Las huertas cubiertas de lodo y destruidas su arboleda y, por último, todos los sembrados en general y amanecidos y que prometían el pan perdido a sus dueños en los tres años de sequía que últimamente se han esperimentado, cubiertas también, y completamente desahuciadas de su rescate, viéndose en el conflicto de carecer de simiente para volverlos a empanar cuando el tiempo lo permita”.
    Las autoridades municipales, ante este estado, acordaron iniciar el oportuno expediente de calamidad pública, procediendo a la tasación de los desperfectos causados por las lluvias en los predios urbanos por los peritos alarifes, Esteban González y Joaquín Espino, acompañados por el regidor municipal, Francisco Martín González. Para la tasación de las fincas rústicas se nombraron a los labradores Juan Martín Lozano y José Lemus Villares, acompañados por Tomás Moro, teniente de alcalde.
    Una vez practicada las correspondientes tasaciones, quedó expuesto al público el expediente en la Secretaría del Ayuntamiento, informándose, mediante la voz del pregonero, en los sitios de costumbre, a los vecinos para que expusiesen cuánto juzgaran conveniente respecto al contenido “y acreditado el resultado con certificación del secretario, remítase original con el oportuno oficio al Sr. Gobernador de esta provincia para que S.S. se sirba si lo tiene a bien elevarlo al Gobierno de S.M. a fin de que recaiga la aprovación Superior y la consiguiente indemnización de perjuicios”.
    La totalidad de los daños, según tasación, causados por el temporal de lluvias, las inundaciones del río Guadiana y rivera del Guadajira, en el término de Lobón, ascendió a 324.000 pesetas. Los miembros de la Corporación Municipal, en la sesión del 30 de diciembre, acordaron enviar todo el expediente declarado de calamidad pública al gobernador civil de la provincia y a la “aprovación del Gobierno Supremo en súplica del pronto remedio a los males que aquejan a este vecindario, después de haber sufrido con la mayor resignación tres años de falta de sus cosechas, por efecto de las lluvias”.
    FUENTE DOCUMENTAL. GARCÍA CIENFUEGOS, M.: Lobón en su historia. Badajoz 2014. pp 307-310.

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