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“De neveras” Por Antonio GOMEZ y Cristobal Cansado

“De neveras” Por Antonio GOMEZ y Cristobal Cansado
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Ante la sofocante ola de calor que nos visita estos días, que tampoco es tan anormal, lo que ocurre es que no nos acordamos de un año para otro, pero seguro que hemos vivido situaciones como la de este año en otras ocasiones. Vamos a hablar de las neveras y otros artilugios para pasar menos calor.
Ahora, eso sí, tenemos a nuestro alcance elementos que nos ayudan a superar estas inclemencias del tiempo, aires acondicionados y ventiladores, neveras y cámaras frigoríficas, aislantes térmicos y cristales de gran grosor, incluso legislación para evitar las exposiciones al sol en los trabajos durante las horas centrales del día.
Antiguamente todo esto no existía y, por lo tanto, nuestros antepasados se las tuvieron que ingeniar para pasarlo lo menos mal posible.
Así en cuanto a las prendas de vestir el uso de prendas de algodón, hilo, lino y otras fibras naturales, que permitían la transpiración de la piel. Los sombreros de paja que, a parte de dar sombra a la cara, permitían la circulación del aire por las rejendijas. El aprovechamiento de las primeras horas del día y las últimas de la tarde para hacer las tareas, las maquinarias que permiten trabajar en el campo a la sombra… 
Y en las casas?. La construcción de paredes de adobe, tapiales de tierra, muy anchos que hacían de aislantes; techos de cañas, palos, tablas y tejas que permitían la circulación del aire, el embarrijo de las paredes con cal, el empedrado de los suelos y otras muchas.
Todas estas ingeniarías populares no impedían, pero sí aliviaban los rigores del verano en Talavera y por extensión a toda Extremadura y Andalucía, primordialmente.
Y las neveras, neveras que no necesitaban energía eléctrica y que mantenían los alimentos y el agua en un estado más o menos aceptable. Nos referimos a las fresqueras y alacenas. Situadas estratégicamente en el interior de las casas, alejadas de las fachadas anterior o posterior. Unas veces, si el muro era lo suficientemente ancho, empotradas en la pared y, cuando el grosor de la pared no era suficiente, construidas de madera, a modo de alacenas o armarios. Unas veces cerradas con puertas (a las que se les abrían unas celosías en la parte alta imitando flores de 6 pétalos o un enrejado de tiras de madera o de tela metálica para permitir la ventilación), otras con cortinas.
Los alimentos que se guardaban eran los más perecederos, la leche, el queso, mantecas, las frutas, las sobras de las comidas, los dulces… tapados con paños de tela para evitar la presencia de insectos. En algunos hogares, muy poco habitual, contaban con la presencia de sótanos, que mantenían la misma temperatura en invierno y en verano. En las familias de carniceros valían para guardar la chacina, los quesos, los tocinos…
Y el agua, en porrones, en tinajas, en barriles, en cántaros… Siempre se les ponían un plato de bajo, porque rezumaban agua y se tapaba con una tapadera de madera las bocas de las tinajas, con otras vasijas o platos o con algún elemento los agujeros para evitar que entraran los bichos, el polvo o la suciedad.
En el año 1604, durante el viaje que hicieron unos clérigos portugueses: Manuel Severim de Faria (Chantré de la catedral de Évora) y su sobrino Baltasar de Faria Severim desde Évora hasta el Monasterio de Guadalupe para dar gracias por haberse visto libres de una epidemia de peste en los años 1598 y 1599, llevaban un obsequio de plata para la Virgen. El 29 de abril de 1604 llegan a Talavera y hacen una descripción de algunos detalles que, en lo que afecta a este artículo, son los siguientes. Cuentan que en el interior de las casas, colocan los vasijas para el agua unos encima de otros formando una columna de gran altura, estos cántaros llenos de agua y teniendo en cuenta lo poroso del barro con el que están hechos, estarían rezumando agua y manteniendo las casas mas frescas. Por otro lado, les llamaba la atención que los suelos de las casas estaban empedrados, como los de Montemor, lo que permitía que estuvieran siempre rezumando agua, lo que, en alguna medida, ayudaba también a disminuir algunos grados las altas temperaturas. Estos suelos de piedras, en algunas casas aún se podían ver no hace mucho, se regaban diariamente.
Hoy en día es impensable volver a situaciones pasadas. La evolución, aunque tiene su coste, también tiene sus ventajas. Algunas cosas sí se podrían mejorar, estábamos pensando en los plásticos, tan presentes en nuestro día a día y que, sin duda alguna, su abuso supones unos cuantos grados más en nuestro planeta.
En la fotografía que ilustra este artículo vemos una fresquera cavada en el interior de un muro en el centro de una casa de Talavera la Real. Hace tanto tiempo que se hizo esta foto que no sé si la conservan. Pero a parte de práctica en su momento es que es muy bonita también.

Cristóbal Cansado y Antonio Gómez. Junio de 2019.

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