“La leyenda de Jordana” Por Antonio Gómez y Cristobal Cansado

“La leyenda de Jordana” Por Antonio Gómez y Cristobal Cansado

La leyenda de Jordana.
En estos momentos de reclusión quizás sería bueno que retomáramos la aventura de los cuentos, leyendas, romances, canciones, poesías, trabalenguas, adivinanzas y acertijos. Seguro que para nuestros mayores, que no están acostumbrados a nuestras redes sociales, sea un motivo de entretenimiento, de distracción, de remover en su memoria, de hacerles sentir que están entre nosotros, de escucharles, de rescatar para que no se pierdan, de que participen de alguna manera y sean protagonistas por un momento en nuestros facebooks y nuestros wasaps.Hoy os vamos a contar una leyenda de nuestro vecino Badajoz y que por proximidad también nos toca de alguna manera.

La leyenda de Jordana.

Una leyenda se basa, principalmente, en dos partes bien diferenciadas. Por un lado los hechos reales, lo que ocurre, lo que vemos, oímos, sabemos. Hechos que aparentemente no tienen ninguna trascendencia, cotidianos, que suceden todos los días. En esta leyenda, estos hechos son básicamente, una familia pierde su fortuna y la heredera, Jordana, se dedica a mendigar pidiendo limosnas.Si esta historia la adornamos añadiendo orígenes de la familia, dónde vivían, como hicieron la fortuna, como la perdieron, las consecuencias para los herederos, como la niña huérfana se tiene que buscar la vida y unos trágicos sucesos que acaban con la muerte de la protagonista, conseguimos crear una leyenda, que se irá repitiendo de generación en generación, con añadidos, aportaciones del narrador, cambiando la época de cuando suceden los acontecimientos.Hemos consultado diferentes versiones y una de la que más nos gusta es la que hace Martín Fernández en 1919.

Nos situa en el verano del año 1281. Badajoz habitado por las tres culturas, árabe, judía y cristiana. Más o menos en armonía. Se celebran fiestas por el enlace del infante Don Sancho con su tía doña María de Molina. Una de las familias más ricas y distinguidas es la formada por Pero Andrés y María Jordán. Se les nota la fortuna en sus corceles, sus ropajes, su vivienda… Tienen un solo hijo, Gonzalo Pérez, que aumentó considerablemente su fortuna al enviudar de su mujer, otra rica mujer del Badajoz de aquellos años, María Esteban.Después de enviudar Gonzalo, comienza a frecuentar la casa de Çalyadya, su vecino, familia de ricos judíos y con una hija soltera. Las visitas se hacen más frecuentes y se hace de dominio público que es para cortejarla. En estas fiestas hace su presentación pública Jordana, hija de Gonzalo, nombre que recibe de su abuela María Jordán.Todos felices y contentos hasta que empieza a torcerse la historia. El rey don Sancho, ante la presión de los judíos, nombra a una serie de consejeros para que reclamen las deudas que los cristianos han contraído con los prestamistas judíos. En Badajoz el representante real reclama a la familia de nuestros protagonistas la deuda que tiene contraída con el judío que es su vecino.

Cuestiones de armonía y de buena vecindad, incluso las posibles relaciones de Gonzalo con la hija del prestamista judío Çalyadya hacen que se demoren los pagos, se vayan aplazando. Hasta que la situación se hace insostenible, y la familia de Gonzalo, totalmente arruinada se tiene que marchar a Mérida.Una serie de sucesos trágicos acompañaban a la vida de Jordana, uno de sus primeros pretendientes, el caballero portugués Joan Franco, después de que Jordana lo rechazara, apareció muerto de una puñalada junto a la Alcazaba. Lo mismo le ocurrió al joven Gonzalo Bejarano, que, tras el rechazo de nuestra protagonista, apareció ahogado en el Guadiana.Y aparece en escena Jordana la mendiga, la pobre loca harapienta que vagó tantos años por senderos y breñales de los términos de Malpartida, Talavera y la Albuera (en donde tenía propiedades), delirando señoríos de aquellas heredades, hasta que un día amaneció muerta en la calle donde sus padres y sus abuelos tenían la casa familiar.

Una señora pagó los gastos de su entierro. Señora que se decía que era una judía conversa, convertida al cristianismo, que casualmente tenía un hijo llamado Gonzalo muy bizarro y muy galán. Y que desaparecieron después sin que nada se supiera de ellosNos encantaría que alguien nos contara esta u otra leyenda que supiera, aunque no esté completa. Algún cuento, alguna de aquellas historias que, por no tener ni radio, ni televisión, ni luz, se contaban para matar el tiempo. O para ganar tiempo, quien sabe. Nos gustaría mucho que fuerais nuestros oídos y nuestras manos para que alguna de estas maravillosas narraciones no se perdieran para siempre.


Cristóbal Cansado y Antonio Gómez. Abril de 2020, en tiempos de reclusión. Quedaos en casa.

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