“El efecto porrón” por Antonio Gómez y Cristobal Cansado

“El efecto porrón” por Antonio Gómez y Cristobal Cansado

El “Efecto Botijo”, que nosotros talaveranamente hablando llamamos “efecto porrón”, es el mecanismo que lleva a enfriar o mantener el agua a temperatura más fría que la del ambiente, concretamente de 10 a 13 grados más fresca que la del lugar donde esté ese porrón.

Desde tiempo inmemorial el hombre utilizó el barro para crear recipientes en los que poner la comida, guardarla, conservarla, cocinarla y, como en esta ocasión referimos, enfriarla.El por qué de que el agua se enfríe dentro de un botijo responde a una de los muchas leyes de la la física. Al ser la superficie del porrón porosa, permite que el agua atraviese esa superficie y en contacto con el ambiente exterior este agua se evapore.

Es por lo que decimos que el porrón está sudando. Este continuo rezumar de agua conlleva un gasto de energía que se saca del agua que queda dentro, al gastarse parte de la energía que hay en el agua del interior, esta baja de temperatura. Ya sabemos que es difícil de entender, al menos a nosotros nos cuesta un poco, pero las leyes de la ciencia así lo explican. Si alguien quiere saber más de este tema científico puede consultarlo buscando en cualquier página con la entrada “efecto botijo”, extendernos nosotros más en este tema se saldría de nuestro objetivo.

Hay otro aspecto de este efecto del porrón y otras vasijas de barro que llevan agua en su interior es que con el rezumo de agua, que conocemos porque tienen la superficie húmeda, es que ayuda a que el ambiente de la habitación donde se encuentren estas vasijas esté más fresco, tengan menos temperatura. Nos viene también a la memoria las tinajas con su tapadera de madera y el vaso, que nos daba ese agua fresquita, algunos de nosotros aún hemos sido unos privilegiados por haber disfrutado de este pequeño y sano placer de beber agua de tinaja, de porrón. Normalmente estas vasijas se colocaban en las zonas más interiores de la casa, alejadas de las fachadas anterior o posterior, situadas en zonas de una ligera corriente de aire que al contacto con las superficies mojadas de las vasijas creaban un ambiente que aliviaba los calores del verano, como los que tenemos ahora. Recordemos que no había neveras, aire acondicionado, pero sí contaban nuestros antepasados con recursos para sobrellevar estas temperaturas.Un aspecto importante a tener en cuenta en este asunto de la refrigeración por evaporación de agua es que los recipientes deben ser totalmente de barro.

Queremos decir que no sirven los porrones y tinajas vidriadas. Realizadas así para contener otro tipo de alimentos (grasas, carnes…), líquidos (aceite, vinagre, leche…) o para cocinar. También se vidriaban buscando un efecto decorativo en vajillas, tazas, ollas, o simplemente como adorno en plateros, peteras, chineros, etc.Y a lo nuestro, lo de Talavera.Pues resulta que en el año 1604 una comitiva portuguesa, en peregrinación al Monasterio de Guadalupe para llevar una ofrenda a la Virgen, pasa por Talavera. Concretamente el 29 de abril de ese año de 1604. Se conoce esta peregrinación como el Itinerario Hispánico del Chantre de Évora. Este Chantre era D. Baltasar de Faria Severim, eclesiástico, maestro de Coro, viajaba acompañado de su sobrino Manuel Severim de Faria, que era el que escribía la crónica del viaje, los lugares por los que pasaban, lo que les llamaba la atención, cosas dignas de contar, curiosidades, lugares, paisajes, distancias, etc. etc. etc. Ni que decir tiene que viajaban acompañados de un séquito de criados que se ocupaban de que el viaje fuera lo más relajado para sus señores.Cuando llegan a Talavera ese día 29 de abril, venían de hacer noche en Badajoz y su siguiente parada sería en Lobón. Nos describen lugares como las vegas del Guadiana, en aquellos años la conocían como Talaveruela o Talavera de Badajoz, para diferenciarla de Talavera de la Reina. También visitan la iglesia, habla de las capillas, el retablo; del hospital, y nos describen como eran las casas de nuestro pueblo, bueno, nos da algunos detalles: como que los suelos eran empedrados, las paredes tenían zócalos y sin adornos, en algunas casas había cuadros de cañamazo pintados.Y “ acostumbran tener dentro de casa todos los cántaros y vasijas, unas encima de otros hasta alcanzar una gran altura” (traducimos del portugués, para que se entienda mejor). Siempre pensamos, o se nos hacía difícil entender o visualizar la imagen de estas vasijas unas encima de las otras hasta formar una columna de gran altura. De hecho, nunca habíamos oído ni leído nada parecido.

Hasta que hace poco encontramos que en Cáceres se vendía una columna de recipientes de barro (fotografía con la que ilustramos este pequeño artículo). Pues sí, lectores, esta podría ser parecida a las que se referían nuestro vecinos portugueses que teníamos los talaveranos en nuestras casas. Salvando las distancias, las vasijas serían más sencillas, y por su puesto no serían vidriadas como las de la foto. Si no, no tendría el sentido y efecto que nosotros le damos o como lo interpretamos de refrescar el agua y el ambiente de la casa. Sería como una columna de aire acondicionado, a la vez de depósito de agua fresca. Y por último recordar con este artículo a los alfareros de nuestro pueblo, que seguro que hubo bastantes a lo largo de la historia. Y los depósitos de donde extraían el barro, “Los Cavaeros”, “la Puentecilla”, los más conocidos, y seguro que había más. No tendrían fama como otros lugares por su artística alfarería, pero seguro que nuestros antepasados aprovecharon bien su buen hacer.
Cristóbal Cansado y Antonio Gómez. Julio de 2020.Sigamos teniendo mucha precaución!!!!!

Una respuesta para "“El efecto porrón” por Antonio Gómez y Cristobal Cansado"

  1. Carmen Gemma   15 julio, 2020 at 11:14 PM

    Qué curioso!! Me encanta.

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