«El boticario» Por Antonio Gómez y Cristobal Cansado

«El boticario» Por Antonio Gómez y Cristobal Cansado

Hoy en día ansiamos el descubrimiento de una medicina que nos libere de esta pandemia.

Estamos convencidos de que una legión de investigadores, científicos, farmacéuticos, médicos y laboratorios, con todo su arsenal de medios y equipos, están dedicados a encontrar una solución.Pero hubo tiempos en los que ni había tantos medios, ni conocimiento, ni especialistas que se dedicaran a dar solución a los males de las personas.Aunque hubo grandes avances para la medicina en el imperio egipcio, los griegos y romanos, el pueblo árabe, los chinos, aztecas y mayas… en realidad, todos ellos basaban sus conocimientos y sus pócimas en la utilización de productos naturales, de su entorno más inmediato. También recurrían a las aguas medicinales, con propiedades curativas, y todo ello mezclado con una importante dosis de “magia”. A estas curas se las acompañaba de rezos, rituales, en diversas fases lunares o la posición de las estrellas y los astros… El método científico vino más tarde.

Quizás el siglo más importante para este desarrollo científico fue el siglo XVIII, por algo se le llamó el Siglo de las Luces y a este periodo el de la Ilustración.Por suerte hubo personas a lo largo de la historia que hicieron de su vida una búsqueda de remedios con los que curar los males. En los núcleos pequeños, como Talavera, lo normal era que recurrieran a la medicina natural, remedios en plantas, semillas, curanderos y curanderas que atesoraban un conocimiento trasmitido de generación en generación, acompañado este saber popular por una fe infinita en que la curación se iba a conseguir, unas oraciones, una invocación a los santos y poderes celestiales completaban el ritual de la sanación.A mediados del siglo XVIII encontramos en Talavera la Real un personaje muy curioso. Se trata del boticario Don Francisco Trejo. Aún no hemos conseguido ningún dato sobre su vida, ni dónde nació, cómo llegó a Talavera, dónde estudió…Pero todo se andará. Sólo ha trascendido un curioso “informe” que redactó sobre las aguas medicinales de un manantial de Cheles.No hemos visto ni leído el informe completo. Sólo conocemos un resumen que publicó D. Pedro Gómez de Bedoya y Paredes en su libro “Historia Universal de las fuentes minerales de España” publicado en 1765.

Cómo ocurre en muchos casos de los investigadores, probó el mismo las propiedades de ese agua de Cheles para solucionar sus problemas de mal de piedra y que le ayudó a expulsar los cálculos que le aquejaban.Según nuestro boticario, el agua de Cheles era un agua sulfurosa, con color azulado, tenía un sabor ingrato y fastidioso, con regusto ácido que provoca nauseas a las primeras tomas.Sigue nuestro boticario aludiendo a los males que se mejoran o sanan con el consumo habitual de este agua: mal de orina, piedras y arenas, excita suavemente el vientre, para las obstrucciones de las entrañas, mujeres opiladas (con problemas de menstruación), hipocondríacos (referido a los desarreglos intestinales), excitadora del apetito, enmienda las digestiones…Narra el caso de la Señora Marquesa de Barcarrota, vecina de Badajoz, que se hace traer el agua de Cheles y no bebe de otra. Consiguiendo poner fin a sus rebeldes obstrucciones uterinas e intestinales que la aquejaban desde hacía mucho tiempo.Este informe de nuestro paisano debió hacerse en la primera mitad del siglo XVIII, ya que el doctor Gómez de Bedoya ya lo incluye en su libro que hemos comentado anteriormente y que publicó en 1756.El “informe” del boticario D. Francisco de Trejo tuvo una gran difusión entre los médicos, farmacéuticos y viajeros. Numerosas publicaciones se hacen eco de sus averiguaciones, no solo en el siglo XVIII sino la lo largo de todo el siglo XIX, hasta tal punto que, cuando mencionan este estudio sobre la fuente de Cheles, la ubican a “9 leguas de Talavera la Real”, como hizo nuestro paisano en su estudio.


Mientras nos llega una cura para nuestro mal mayor, seamos muy prudentes. Si algo está demostrado hasta ahora es que la prudencia es el mejor método para evitar contagios.
Cristóbal Cansado y Antonio Gómez. Noviembre de 2020.

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