“LA CABRA AMALTEA O EL MACHO CABRÍO” Por Antonio Gomez y Cristobal Cansado

“LA CABRA AMALTEA O EL MACHO CABRÍO” Por Antonio Gomez y Cristobal Cansado


Son abundantes los enclaves en nuestro término en los que han aparecido restos de antiguas culturas. Algunos de forma casual, otros tras una búsqueda más o menos planificada y los menos en una sistematizada prospección arqueológica. Suponemos que esta falta o poco interés se deba a que estos “yacimientos” carecerían de interés para los estudiosos de la Historia.
Estos enclaves, como Los Mártires, Los Albercones, El Paso, El Conde I y El Conde II, La Taberna, Las Termas, las vegas del Guadiana, de los Entrines o de la Ribera, todos ellos nos han aportado, a nuestro parecer, piezas tan importantes como el Silvano, el Ganímedes, herramientas de piedra de los primitivos cazadores y recolectores, restos cerámicos, monedas, columnas y pilastras, esculturas … Y abarcando casi todos los períodos históricos desde los primeros pobladores nómadas, los romanos y visigodos… Hay alguna excepción como el yacimiento prehistórico de “La Pijotilla”, un poco más alejado, y que sí ha sido protagonista de un amplio programa de excavaciones (en los años 90), trabajos, publicaciones y, como no, de piezas importantísimas del periodo calcolítico como los ídolos.


Pero lo que hoy nos ocupa es una pieza, la que mostramos en la fotografía, que puede dar mucho juego y levantar cierto interés, al menos para nosotros lo ha tenido.
Es una placa de mármol de 34 X 33 cms y 6 cms de grosor, esculpida en su cara y en bruto en la parte posterior (por lo que es posible que estuviera adosada a un muro o pared). En ella se representa la figura de una cabra (o un macho cabrío) y detrás la figura esquemática de un árbol (con forma de flor de lis). Toda la placa presenta una cenefa o moldura que recorre todo el borde formado por zigzags y puntos. Apareció en la villa romana de Las Termas y se encuentra en el Museo de Arte y Cultura Visigoda de Mérida, donde ingreso en el año 1987 por donación de la persona que la encontró.
Es una pieza con un tallado un poco tosca en comparación con otras piezas de la misma villa, pero no por eso deja de ser una pieza magnífica.


El uso que pudo tener esta pieza va desde el decorativo, para adornar alguna dependencia o patio de la villa donde se encontró, pudo tener también un significado religioso, como exvoto u ofrenda por algún favor recibido o incluso una lápida funeraria.
La cabra, y el macho cabrío, han sido protagonistas importantísimos en nuestra cultura ancestral (cuando hablamos de nuestra cultura, nos referimos al cuadrante sur-oeste de la península, que abarca Extremadura, la zona occidental de Andalucia y la parte correspondiente de Portugal). En todo este territorio la cabra (omitimos al macho cabrío, pero cuando decimos cabra nos vamos a referir tanto a la hembra como al macho) ha estado muy presente en la vida terrenal, religiosa y espiritual de los habitantes de este cuadrante peninsular.
Los primeros habitantes, principalmente cazadores y recolectores, representaron en numerosos abrigos rocosos la figura de las cabras, con el mismo simbolismo que se aplica a otras especies animales, para favorecer la caza y que no faltara el alimento.


Los pueblos lusitanos tenían por culto a la diosa Ataecina, una diosa indígena asociada a la agricultura, al mundo de los muertos, también era protectora de la mujer y de los nacimientos, matrona de la resurrección y de la vida eterna. El culto a esta diosa se asociaba a los cursos de agua y a los cruces de caminos importantes. La cabra y el macho cabrío están ligados expresamente a su culto. Como ocurre con el enclave donde apareció nuestra “Cabra”, han aparecido figuras de cabras en el lecho de un arroyo de Torrejoncillo, también en Medellín en el río Guadiana y en el yacimiento del manantial de Santa Lucía del Trampal. En Malpartida de Cáceres una placa de bronce se sujeta sobre las patas de una cabra.
Según Estrabón, geógrafo e historiador griego, cuando habla de los lusitanos, a los que llama serranos, dice que sacrificaban a los dioses machos cabríos, caballos y prisioneros. En el yacimiento de Cancho Roano aparecieron en vasijas huesos de cabra que habían sido consumidos en ceremonias y comidas rituales.
Los romanos adoptaron el culto de Ataecina bajo el nombre de Proserpina, aún se conserva el topónimo en el embalse de Mérida (una vez más el agua asociada al culto a estas diosas). También en la cultura romana aparece la cabra unida al culto de la ahora llamada Proserpina, en esculturas, cerámicas, lucernas, Este yacimiento de Mérida se encuentra en un importante nudo de comunicaciones y junto al río Guadiana, como ocurría con Medellín, Sta. Lucía del Trampla, Malpartida… donde ya hemos comentado que aparecen las figuras cabras. Nuestra villa también se encuentra junto a una vía o camino de comunicación muy importante.


Según la mitología griega la ninfa Amaltea amamantó a Zeus en una cueva de Creta con la leche de una cabra. Un día la cabra se rompió un cuerno y Amaltea la lleno de frutas y miel (de donde viene el mito del cuerno de la abundancia) Zeus se llevó a la cabra y el cuerno al cielo y así surgió la constelación (y zodíaco de Capricornio). Ambas, la ninfa y la cabra se unifican bajo el nombre de Amaltea.
El uso de la imagen de la cabra viene unido al agradecimiento por un favor o gracia recibido, por algún pedido, ruego o favor que esperamos recibir, para favorecer un alumbramiento, para que no falte la abundancia (comida, agua), para favorecer el tránsito o paso al mundo de los muertos y la espera de la resurrección, para la buena marcha de la agricultura y la ganadería… La cabra y el macho cabrío para nuestro antepasados fue un animal sagrado y relacionado con lo divino, el nexo de conexión entre los vivos y los muertos, entre los mortales y los dioses.
Nuestra cabra se sitúa junto a una importante vía de comunicación, al pie del curso de un río y un manantial, en una zona importantísima dedicada a la agricultura y ganadería, en un lugar destinado al culto (Santa María de la Ribera) donde se sitúa una necrópolis… nuestra cabra puede ser fechada en época romana tardía o visigoda, pero en esta imagen se acumula todo un mundo ancestral de cultos, de ceremonias, de ritos, de religiosidad, de misterio, de cultura… de la vida y muerte de todo un pueblo al que pertenecemos.

Cristóbal Cansado y Antonio Gómez, junio de 2020.
Por favor seamos prudentes, esto no ha terminado.

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